Coloca las pechugas de pollo en una sola capa. Evita sobrecargar la sartén, ya que esto puede provocar que el pollo se cueza al vapor en lugar de dorarse.
Cocine durante aproximadamente 4 a 5 minutos por un lado sin moverlo innecesariamente. Dé la vuelta a cada pieza y cocine el otro lado durante otros 4 minutos.
El tiempo exacto de cocción dependerá del grosor del pollo. No es necesario que esté completamente cocido en esta etapa, ya que terminará de cocinarse en la salsa.
Transfiera el pollo sellado a un plato limpio y resérvelo.
4. Cocina el ajo.
Reduzca el fuego a medio. Añada la cucharada de mantequilla restante a la misma sartén.
Añade el ajo picado y cocina durante unos 30 segundos, removiendo constantemente. El ajo debe desprender un aroma agradable sin oscurecerse. El ajo quemado puede darle un sabor amargo a la salsa.
5. Añade el caldo de pollo.
Vierta lentamente el caldo de pollo mientras raspa el fondo de la sartén con una cuchara de madera. Esto permite que los trozos dorados y sabrosos se desprendan y se mezclen con el líquido.
Deja que el caldo hierva a fuego lento durante 2 o 3 minutos para que se reduzca ligeramente.
6. Preparar la salsa de crema
Baja el fuego a medio-bajo y vierte la crema de leche. Agrega las hierbas italianas y la pimienta negra, y revuelve hasta que se integren.
Deja que la mezcla hierva a fuego lento. Evita que hierva rápidamente, ya que el calor excesivo puede hacer que la salsa de crema se separe.
Añade gradualmente el queso parmesano rallado, removiendo después de cada adición. Continúa removiendo hasta que el queso se haya derretido y la salsa esté suave.
Prueba la salsa antes de añadir sal. Tanto el queso parmesano como el caldo de pollo pueden ser salados, por lo que quizás no sea necesario añadir más condimentos.
7. Vuelva a colocar el pollo en la sartén.
Vuelve a colocar las pechugas de pollo en la sartén junto con los jugos que hayan quedado en el plato. Vierte un poco de salsa sobre cada trozo.
Cubre la sartén sin apretar y deja que el pollo se cocine a fuego lento durante aproximadamente 5 a 8 minutos. El pollo estará listo cuando su parte más gruesa alcance una temperatura interna de 165 °F o 74 °C.
No te fíes únicamente del color del pollo. Un termómetro para alimentos es la forma más fiable de comprobar que está bien cocido sin que se pase de cocción.