Sus ojos se clavaron en los míos.
—Si sobrevivimos… no podemos confiar en Ethan.
Sentí lágrimas mezclarse con la sangre en mi rostro.
—Es nuestro hijo…
—No —susurró—. Es un hombre desesperado… manipulado por alguien que lleva años moviendo las piezas.
Las voces estaban justo encima.
—¡Dios mío! ¡Hay dos personas abajo!
Cuerdas.
Movimiento.
Ayuda.
Pero por primera vez en mi vida…
no sentí alivio.
Sentí miedo.
Porque mientras me levantaban de aquella cornisa…
entendí algo que no tenía vuelta atrás.
La caída no había sido el final.
Había sido…
el comienzo de algo mucho más oscuro.