Leo se dejó caer a mi lado. Gwen me entregó el primer sobre con ambas manos, como si fuera a romperse.
—Empieza por ahí —dijo.
Lo abrí.
Leo se sentó a mi lado.
-Brezo,
Sé que esto se ve mal. Por favor, no creas que te dejé. Estoy intentando volver. Lo prometo.
— A.
Sentí que me faltaba el aire.
—¿Mamá? —susurró Leo.
No pude responder. Tomé otra carta.
—No sé si me odias. Mi madre dice que sí. No le creo, pero no sé cómo contactarte de otra manera.
—Oh, no, no, no —murmuré.
—Sé que esto se ve mal.
Leo se acercó. —¿Qué pasa?
—Pensaba que lo odiaba.
Gwen exhaló con voz temblorosa. —Eso fue lo que le dijo nuestra madre. No solo mintió, Heather. Les robó dieciocho años a todos ustedes.
Abrí la tercera carta tan rápido que casi la rompí.
—Si es niño, espero que se ría como tú cuando estás muy feliz.
Me llevé la mano a la boca.
Leo me miró fijamente. —Él escribió eso.
—Pensaba que lo odiaba.
Asentí y le pasé una de las tarjetas de cumpleaños.
—Léela —dije.
La abrió con cuidado.
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