“No se lo digas a Ethan. Ese idiota cree que su princesita es perfecta.”
Me sentí mal.
Durante meses me estuve matando a trabajar para mantener a personas que estaban destruyendo mi matrimonio desde dentro de mi propia casa.
Besé la frente de Emily.
“Duerme un poco.”
Sus ojos se abrieron de par en par.
“Ethan, por favor, no hagas ninguna locura.”
Me puse de pie.
“No lo soy.”
Miré hacia la sala de estar.
“Voy a hacer algo mucho peor.”
Iba a hacerles afrontar las consecuencias.
PARTE FINAL
Cuando volví a entrar en el salón, nada había cambiado.
La televisión seguía encendida a todo volumen.
Las cajas de pizza seguían por todas partes.
Y mi madre y mis hermanas seguían comportándose como si fueran las dueñas del lugar.
Mamá habló primero.
“¿Ya terminó su pequeña actuación? Porque alguien todavía tiene que lavar la ropa mañana.”
Me dirigí directamente al televisor.
Desconecté el enchufe.
Y el silencio se apoderó de la habitación.
—¿Qué demonios? —espetó Brittany.
Levanté el cuaderno de Emily.
“Esto es lo que demonios.”
Nadie habló.
Le di al botón de reproducir en la primera grabación.
La voz de mi madre resonó por todo el apartamento.
“Cuando nazca el bebé, Emily podrá irse, pero el bebé se quedará.”
La habitación se quedó congelada.
Brittany bajó la mirada.
Kayla tragó saliva con dificultad.
El rostro de Lily palideció.
Mamá cambió de táctica inmediatamente.
“Eso está fuera de contexto.”
Me reí.
Una risa fría.
“¿En serio? ¿Obligar a mi esposa embarazada a limpiar después de cuatro adultos también fue algo fuera de lugar?”
—Es tu esposa —espetó mamá—. Debería ayudar.
Di un paso adelante.
“Este apartamento existe gracias a mí.”
Nadie respondió.
“¿El alquiler? Yo.”
Silencio.
¿Las compras? Yo.
Más silencio.
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