Entré al baño para ducharme.

Esa mañana, mientras me secaba el pelo, el aire debió de esparcir esos mechones secos por todo el baño. Algunos cayeron justo en la taza del inodoro.

¿Y una vez que tocan el agua?

Se hincharon, se ablandaron y parecían inquietantemente vivas.

Esos “gusanos” no eran gusanos en absoluto.

Solo trozos de hierba mojada.

Todo ese pánico… por algo completamente inofensivo.

A veces, tu cerebro puede convertir la cosa más ordinaria en puro horror en cuestión de segundos.