– ¿Sí?
Escuchó durante varios segundos.
Entonces sonrió.
"Perfecto".
Se giró hacia la puerta del dormitorio.
"Nuestro personal acaba de desactivar de nuevo las cámaras de seguridad de la entrada."
Uno de los hombres frunció el ceño.
"¿Y si Vincent entró por la entrada subterránea?"
– No lo hará.
Marcus sonrió aún más.
"Tony se aseguró de que los explosivos para el túnel estuvieran listos."
Explosivos.
Marcus había planeado todas las posibles rutas de escape.
Todos los caminos.
Cualquier medio.
Alguien pasó meses estudiando los hábitos de Vincent.
Alguien a quien Vincent había entrenado personalmente.
Elena se acercó.
"Llevan preparándose casi ocho meses."
Vincent la miró.
- ¿Sabías?
"Ya me lo imaginaba."
—No dijiste nada.
“No tenía pruebas.”
Bajó la mirada.
"¿Y por qué nadie se fija en la camarera?"
Esa noche, por primera vez, Vincent la miró de verdad.
Ella no tenía miedo por sí misma.
Ella estaba preocupada por él.
No tenía sentido.
Excepto que...
—¿Quién eres? —susurró.
Elena dudó.
Afuera, los pasos se oían cada vez más distantes.
Se puso el delantal.
En lugar de un paño de limpieza...
Sacó una vieja bandeja de plata.
No la policía.
Militar.
Los servicios secretos italianos.
“Mi nombre real no es Elena Rossi.”
Vincent parpadeó.
“Mi nombre es Elena Bianchi.”
"He estado trabajando de incógnito durante tres años."
Silencio.
"Me han asignado para verte."
Vincent casi se echó a reír.
"¿Gobierno?"
Ella asintió.
"Creían que, tarde o temprano, alguien dentro de tu organización te traicionaría."
Tenían razón.