Un escalofrío la recorrió.
“Me está buscando…”
—Sí —dijo Alejandro.
“¿Pero por qué? Ya se lo llevó todo.”
Las palabras se le escaparon antes de que pudiera detenerlas.
“La casa. El dinero. Las cuentas. Todo.”
Alejandro la miró fijamente.
“No.”
Ella levantó la vista.
“No se lo llevó todo.”
Le tomó unos segundos comprenderlo.
Entonces abrazó a Sofía con más fuerza.
“Mi hija…”
Alejandro asintió.
Treinta minutos después, abandonaron el aeropuerto por una salida privada reservada para personal autorizado y vuelos ejecutivos.
Valeria nunca había visto nada igual.
Tres camionetas SUV negras esperaban afuera con los motores encendidos.
Nadie gritó.
Nadie entró en pánico.
Todo se movía con precisión controlada.
Alejandro abrió él mismo la puerta trasera.
"Adelante."
“No quiero causarte problemas.”
Él esbozó una leve sonrisa.
“Créeme. Los problemas llegaron antes que nosotros.”
Mientras tanto, Rodrigo golpeó con el puño el volante de su camión.
“¿Qué quieres decir con que ya se fue?”
El empleado de seguridad del aeropuerto se encogió de hombros.
“Salió por una plataforma privada, señor.”
Rodrigo maldijo entre dientes e inmediatamente sacó su teléfono.
“¿Comprobaste la ubicación del teléfono?”
Una mujer contestó al otro lado de la línea.
“Lo apagó hace diez minutos.”
Rodrigo sonrió fríamente.
“No importa. No podrá esconderse por mucho tiempo. Necesito a la chica.”
“¿Estás seguro de que esto solo tiene que ver con el niño?”
Rodrigo guardó silencio durante varios segundos.
Entonces su voz se volvió gélida.
“Sin Sofía, no puedo reclamar esa confianza.”
Terminó la llamada.
Nadie a su alrededor conocía la verdad.
Ni siquiera Valeria.
Durante su matrimonio, el abuelo de Sofía había creado un fideicomiso multimillonario para su primera bisnieta.
El dinero solo podía gestionarse con la aprobación de ambos padres.
Rodrigo necesitaba que Sofía volviera.
No porque la amara.
Pero porque había perdido casi toda su fortuna en inversiones fraudulentas.
Esa confianza era su último salvavidas.
Los todoterrenos se dirigieron hacia la Ciudad de México.
Valeria permaneció sentada en silencio, mirando por la ventana mientras Sofía dormía plácidamente apoyada en ella.
Alejandro finalmente habló.
“¿Tienes algún lugar seguro adonde ir?”
Ella dudó.
“Con un primer plato.”
“¿Dónde?”
“Iztapalapa.”
Uno de los guardaespaldas intercambió una rápida mirada con Alejandro.
Alejandro lo entendió enseguida.
Veja o resto na próxima página.